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La secta

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Desde que comenzó este gobierno en diciembre del año pasado, cuando se dieron los primeros despidos masivos en el SAT, no de aviadores, sino de oficinas enteras sin importar si hacían su trabajo o no, pensé “este hombre necesita dinero para comprar votos y reelegirse”. No le importó dejar a muchas familias (de trabajadores que sí trabajaban) sin sustento unos días antes de Navidad. Ese fue el regalo de AMLO a algunos que votaron por Él, el desempleo, la pérdida de su fuente de ingresos.

Luego vinieron otras medidas igual de dolorosas para cientos, para miles de mexicanos, para muchos miles, como retirarles el presupuesto a las estancias infantiles, como dejar sin apoyo a los niños con cáncer, sin medicamentos a los enfermos de VIH, sin refugios a las mujeres víctimas de violencia, sin Seguro Popular a quienes no tenían otra alternativa, sin Progresa por meses a miles de familias muy pobres, todo con el pretexto de que había corrupción. Hay una psicosis con la corrupción, lo dijo el propio Alfonso Romo jefe de la Oficina de la Presidencia, pero no por investigarla y combatirla, sino por desaparecer a las instituciones donde el Presidente sospecha que hay corrupción.

Excepto en la Secretaría de Energía, claro está, donde se compran pipas (que no aparecen) sin licitación y a sobreprecio; excepto en la compra de patrullas a sobreprecio en Veracruz donde gobierna su amigo el Cuícaras, excepto en los viajes de sus hijos al extranjero en primera clase para hospedarse y comer en hoteles y restaurantes de lujo, excepto en averiguar de dónde obtuvieron el dinero para poner una fábrica de chocolate cuando, como Él, nunca en su vida han trabajado.
Muchas excepciones, relacionadas siempre con su gente, con los suyos, ahí no hay corrupción.

Y desde diciembre y con las siguientes medidas en enero y subsecuentes, me entró una preocupación: A éste no le interesa en realidad combatir la corrupción, lo que quiere es recortar el gasto donde se pueda, sin importar el daño que les causa a miles o millones de mexicanos, para disponer de ese dinero para comprar apoyo incondicional que se traducirá en votos para la reelección, repartiendo dinero a estudiantes que en los siguientes procesos estarán en edad de votar, a flojos y vagos que ni estudian ni trabajan para que vayan “construyendo el futuro”, a delincuentes que se roban el combustible para que “ya no lo hagan”, bueno, a criminales que están presos pagando una sentencia, es el anuncio más reciente.

Incluso se intentó, se propuso por parte del PT (a ver qué tan fuerte era la reacción en contra) quitarle la autonomía al Banco de México para que, manejado por el gobierno, poder utilizar las reservas internacionales para resolver problemas del país (en realidad para repartir el dinero en lo ya mencionado); y también que el gobierno manejara las Afores o fondos para el retiro. Fue ahí cuando dije, o predije: “ya nos llevó la chingada a los afiliados, derechohabientes y pensionados del Seguro Social, este maldito le va a dar en la madre el IMSS para quedarse con el dinero que no es del gobierno, es de los trabajadores, las empresas y sólo una tercera parte del gobierno”. Y ahí está, acaba de quedar al descubierto el intento, ya en proceso de concretarse, de desmantelar al Seguro Social atentando contra la salud de millones de mexicanos, especialmente de los que menos tenemos, “primero los pobres” dijo, lo que no dijo fue “chingaré”.

Lo comenté entonces al interior de mi familia y con amigos y se me quedaron viendo como animal raro, como diciendo “no es posible, no puede llegar a tanto”. Un día de febrero, en la sala de espera de Urgencias del IMSS en Tepa, hice un comentario en voz alta: “Tanto que ha mejorado el servicio, la atención es buena, si no fuera por el Seguro no tendríamos a dónde acudir cuando nos enfermamos. A ver cuánto se tarda López Obrador en darle en la madre al Seguro Social, porque le va a dar en la madre, necesita jalar dinero de donde sea para comprar votos”. Y un hombre que estaba tres hileras de sillas adelante de mí volteó a verme y me fulminó con su mirada de puñal, estaba furioso por mi comentario.

A mi esposa también le pasó. Fue a recoger algunos medicamentos en la farmacia de la Unidad de Medicina Familiar, y expresó su beneplácito porque no había mucha cola como antes, había sólo un par de personas adelante de ella y dijo algo así como “mientras no le meta mano López Obrador al Seguro todo va a ir bien aquí”. Para qué lo dijo… había un chairo de la secta atrás de ella, que la puso como campeona defendiendo a López Obrador.

A propósito de sectas, habrá escuchado usted en las noticias que se está juzgando en Nueva York al dirigente de una secta que esclavizaba sexualmente a mujeres y que además las marcaba con sus iniciales (él se llama Keith Raniere) en la parte baja del estómago, marca, con fuego, a la que ellas se sometían voluntariamente. Hay varias personas en México que pertenecen a esa secta llamada Nxivm, entre otras Emiliano Salinas, hijo del expresidente Carlos Salinas de Gortari; Rosa Laura Junco, hija del fundador del Grupo Reforma, Alejandro Junco de la Vega; y otras mexicanas como Loreta Garza, Daniela Padilla, Camila Fernández y Mónica Durán, según el portal de noticias Reporte Índigo. 

Además de ser marcadas como ganado con el fierro de Keith Raniere, sus esclavas sexuales recibían castigos, como latigazos, a todo lo cual se sometían voluntariamente y hasta con gusto. Algo debe tener ese hombre para convencerlas de ser sus esclavas, algo demoniaco tal vez... Al enterarse uno de esa noticia lo primero que piensa es “¡Qué estúpidas!, cómo puede alguien someterse así a otra persona que le causa daño”. Pero sucede, es una secta y en las sectas lo que diga el líder está bien, lo que él quiera está bien, aunque les cause daño a sus seguidores, en este caso a las esclavas sexuales de Raniere.

Esta noticia me hizo pensar en que tan sólo los niños que se quedaron sin estancias infantiles en México, sin guarderías pues para que los cuiden mientras sus madres trabajan, son alrededor de 350,000 y esos niños tienen padres, abuelos, tíos y demás familiares, ¿cuántos le calcula usted por cada uno?, ¿seis le parecen muchos? Suponiendo que fueran seis los familiares de cada uno de esos niños, serían más de dos millones de adultos, que si votaron por Morena y por López Obrador lo volverán a hacer en 2021 y en 2024 cuando busque AMLO la reelección, porque al igual que Keith Raniere tiene éste algo que cautiva, hipnotiza y engaña a la gente, yo lo veo cuando sonríe mientras le miente descaradamente a la nación en las mañaneras.

Y si a los familiares de los 350 mil niños le agrega usted a los afectados por la suspensión del apoyo a los niños con cáncer, a los enfermos a causa del VIH, por la suspensión del programa Progresa, por la desaparición del Seguro Popular, los becarios del Conacyt, los médicos residentes, las mujeres víctimas de la violencia, los damnificados por el temblor del 19 de septiembre a quienes un fideicomiso de Morena les escamoteó los apoyos, los huachicoleros quemados en Tlahuelilpan, los despidos injustificados, la desaparición de los comedores comunitarios, los choferes que dejaron su trabajo por lo que les ofrecieron para manejar las pipas de Pemex que nomás no aparecen, y ahora los afiliados, derechohabientes y pensionados del Seguro Social, son millones y millones de personas lastimadas por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que si pertenecen a la secta de los Testigos de Pejehová volverán a votar por sus candidatos y por Él mismo,  porque no tienen ideas políticas sino creencias religiosas y contra las creencias religiosas no hay nada que hacer. Ya les puso su fierro, son parte de su ganado, sus animalitos como Él mismo les llamó, sus mascotas.

Algunos rectificarán, pero no creo que los suficientes como para sacar a Morena y a AMLO del poder. No todavía. Ganará la elección en Puebla Patitas de Mecedora. Al tiempo…

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