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La reencarnación

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Me topé en la red con un tuitero culto. Ya sabe usted que ahí se encuentra uno frecuentemente con todo tipo de personas desconocidas, las que critican, insultan, aplauden, agradecen, piden, explican, analizan, pontifican, se burlan de todo, lo hacen a uno reír, enojarse, preocuparse… los hay tontos, listos, cultos, imbéciles, hay de todo en el Twitter, que para mí es la red social más democrática, plural y la mejor tribuna para debatir ideas, para enterarse al instante de lo que está ocurriendo en el mundo y para conocer cosas insospechadas.

Y se las encuentra uno porque a un tuitero lo siguen otros, a algunos pocos y a otros muchos, hay quienes tienen una docena de seguidores, hay otros que tienen a cientos, a miles, a cientos de miles o a millones. A mí me siguen algunos cientos y yo sigo a unos 75, pero con esos me basta porque esos 75 siguen a otros, muchos o pocos y de repente citan algún tuit o lo replican y me entero. Y de quienes me siguen hay algunos que tienen a decenas de miles o a cientos de miles de seguidores, y si a alguno de esos le llama la atención algún mensaje que tuiteo, lo replica (le da RT) o le pone “Me gusta” y con eso basta para que se enteren todos sus seguidores, algunos de los cuales lo replican a su vez y la difusión es enorme. Es la gran red, me parece.

Bueno pues le decía que me topé con un tuitero culto que se llama o se hace llamar Asmodaeus666 (Asmodeo es el nombre de un demonio) que publicó un tuit muy interesante. Dice:

“Un pasaje de la historia por demás extraño, es el caso de Jan van Leiden (1509 Leiden – 1536 Münster, Westfalia). Su origen es incierto. Parece haber sido hijo de un burócrata menor de Gerritsz. Aprendió el oficio de sastre, viajó por los Países Bajos e Inglaterra hasta el norte de Alemania y, aun parece que llegó a Lisboa.
En Leiden fue maestro cantor (como los de la ópera de Wagner) y actor. Hacia 1533 entró en contacto con la secta de los anabaptistas que lo mandaron a predicar a Münster (hoy en Alemania).
Su facilidad de palabra para hacer promesas mesiánicas lo encumbraron rápidamente. Las promesas disparatadas que hacía aseguraban que de llegar él al poder toda la población viviría en bonanza, habría bienestar, se acabaría la corrupción y la delincuencia. La población más torpe de entendimiento y crédula de promesas absurdas lo apoyó, y alcanzando puestos en Münster, logró finalmente hacerse del poder y fundar un reino propio que llamó “Nueva Jerusalem”, pero que ha pasado a la historia como “Reino de los Anabaptistas”.
Jan van Leiden se hizo coronar rey de la Nueva Jerusalem, nombró a 12 “apóstoles” y al poco tiempo introdujo un régimen que provocó hambre y enfermedad. Toda protesta era ahogada en sangre. Amenazando con el próximo fin de los tiempos, mandó quemar todos los libros, dejando sólo la Biblia. La transgresión de alguno de los 10 mandamientos bíblicos era castigada con la muerte.
No obstante había una disparidad entre lo que Jan van Leiden y sus “apóstoles” predicaban y el modo en que vivían. El lujo los rodeaba. Se vestían con sedas y joyas. El mismo Jan van Leiden tuvo varias esposas. Su primera mujer murió cuando ya se había casado con otra: una prostituta que fue odiada por toda la población.
Después de un tiempo Jan van Leiden tuvo un harem, aunque en público él se proclamaba como puro y honrado. Hoy se sabe que era pedófilo y a cuanta niña veía en la calle terminaba en su harem como esclava sexual.
La situación se volvió insoportable para la población: el hambre y la enfermedad habían destruido la otrora próspera ciudad de Münster. Fue entonces que el Conde de Hessen junto con otros nobles y algunos altos eclesiásticos decidieron intervenir e invadieron Münster en la noche del 24 al 25 de junio de 1535. Las batallas callejeras duraron horas hasta que se capturó a Van Leiden.
Su juicio duró meses hasta que el 22 de enero de 1536 él y dos de sus “apóstoles” fueron decapitados y sus cuerpos expuestos en unas jaulas que fueron colgadas de las torres de la iglesia mayor de Münster. Ahí se quedaron hasta que los cuervos se los comieron. Las jaulas fueron bajadas en dos ocasiones: en 1927 y 1945. En ambas ocasiones fueron restauradas. Hasta el día de hoy son una atracción turística.
La obnubilación que sufrió la población creyendo las promesas de Jan van Leiden de constituir un reino donde todos vivieran en bonanza y no hubiera corrupción, duró sólo un año y medio. Al final la población estaba destrozada, famélica, enferma y pobre, pero ante todo odiaron tanto a los que les habían prometido bienestar y justicia terrenal, que los colgaron a todos y dejaron las jaulas en que encerraron a Jan van Leiden y sus apóstoles para que se los comieran los cuervos a la vista de todos, colgadas de las torres de la iglesia mayor como recuerdo y advertencia para que no volvieran a creerle a un embaucador ladrón de esperanzas”.

Hasta ahí la historia que contó a su modo @Asmodaeus666 en Twitter, misma que buscamos en otras fuentes y es verdadera en lo esencial, con pequeños detalles diferentes pero existió el tal Jan van Leiden y le puso una chinga a su pueblo hasta que se le rebelaron con ayuda exterior y le ajustaron las cuentas.

Lo primero que viene a la mente al leer la historia de Jan van Leiden, es el parecido que tiene con la situación que vivimos actualmente en México. ¿No será que Andrés Manuel López Obrador ya vivió una vida anterior hace 500 años y que es una reencarnación del fanático anabaptista, hipócrita y cruel Jan van Leiden?

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