A don Arturo le gustó Tepa para siempre



Aunque es del ex DF

• Vino a hacer negocios y amigos y lo logró todo

• El vivo ejemplo de cómo formar a una familia

Por Juan Ramón Martín Franco

Don Arturo López Santos nació el 24 de marzo de 1922 en el Distrito Federal. Se casó con Ana María Vasco y tuvo 6 hijos: Mela, Concepción, Margarita, Ana María, Arturo y Raúl.

Don Arturo se dedicaba a promover los productos de Agropecuaria Industrial API, para quienes trabajó por más de 18 años y esto le permitía viajar por varias zonas de la República. Y Tepa estaba en su mapa de trabajo.

Cuenta que estaba de vacaciones por Tepa y que un amigo ingeniero lo invitó a quedarse a trabajar aquí, lo cual no le pareeció mala idea, porque analizó que sus hijos necesitaban la compañía de su padre, pues por el trabajo la mayoría del tiempo estaba fuera de su casa. Y decidió quedarse.

Su esposa siempre lo apoyó y no tuvo objeción en quedarse a vivir en Tepa, y con el tiempo se integró a la sociedad y durante muchos años ayudó en formación familiar en la Casa de Ejercicios.

Dice don Arturo: “De mi esposa nunca recibí un no”.

De sus primeros amigos cuando llegó, fueron don Miguel de la Torre y su hermano Chema, don Lupe Gutiérrez Martín, y Chuy Ruvalcaba que hacía carnitas para el palacio.

Siente que su misión era ayudar a la gente de campo, los orientaba y enseñaba cómo utilizar los productos veterinarios. Expresa su respeto por estas personas que tanto aportaron a la sociedad, trataba igual a un campesino sencillo que a una gente de dinero.
Al llegar a Tepa vio oportunidad de hacer negocio y puso su veterinaria La Granja (no estoy seguro si fue la primera) y además, junto con don Alberto González “El Pollas” puso una reproductora de pollas.

Muchos creyeron que se juntaría con puros ricos, pero Él decía “yo vengo a hacer amigos” y tenía compadres de todos, como Tomás el que hacía churros y siempre demostraba su nobleza. Dice “no busqué a los ricos, busqué amigos”. Una de sus frases favoritas era: “En tierra de ciegos el tuerto es rey”.

Don Arturo era conocido en toda la región y siempre se le reconoció por su austeridad y sencillez, aparte de un humor fino.

En cierta ocasión le dijo al Güero de los acumuladores: “Como están los tiempos, en esta vida más vale navegar con bandera de pendejo, y a mí se me da muy fácil.

Otra anécdota fue cuando mandó a comprar carnitas y se las mandaron de color verde. Fue, se las regresó al carnicero y éste le preguntó “¿pues de qué color las quiere?” y él le contestó: “del color que se las coma tu mamá”.

Trabajó hasta los 93 años en su veterinaria, porque sus hijos le dijeron que ya descansara. Dice que “lo primero que pierde uno es la vista, luego el oído, el olfato y el tacto”.

Cuando platiqué con Él percibí a una persona sabia, pero sobre todo con mucha paz interior, satisfecho de lo que hizo en la vida. En ningún momento dijo algo negativo ni se quejó, su prioridad fue siempre su familia, los formó con valores, honestidad y les dio el ejemplo de trabajo, dedicación y tiene el agradecimiento y admiración de sus hijos. A la fecha está al pendiente de todos.

Su vida es una filosofía llevada a la práctica.

Don Arturo tuvo muchos hermanos, entre ellos Adalberto “El Dumbo” López, famoso futbolista de la década de los 60 que llegó a ser un ídolo nacional, refiere don Arturo que Él apoyaba a su mamá para que su hermano jugara futbol.

Ha vivido una vida plena, llena de anécdotas, adquirió con el tiempo la sabiduría. Siente que no le debe nada a la vida y la vida no le debe nada a Él.

Cuando un avicultor le preguntó: “Don Arturo, ¿cómo le ha hecho para vivir tantos años?”, le contestó: “No metiéndome en la vida de los demás”.



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