Irracionales



• Seguidores de AMLO matarán a opositores

• Este domingo la agresión fue sin armas, aún

Por Gustavo Gonzalez Godina

Yo lo vi, no me lo contaron. Yo los escuché, sus gritos retumbaron en mis oídos porque los tenía en ocasiones a medio metro de distancia, o a un metro, o a dos porque lastimaban mis oídos y me retiraba.

Intenté acercarme hasta donde forcejeaban, se empujaban y se abofeteaban, lo cual me dificultaba el cerco de camarógrafos de televisión que, mejor armados que yo con sus cámaras que yo con mi celular, me impedían llegar hasta el punto exacto de los tortazos.

Al primer empujón que me dieron y que fui a caer a tres metros de distancia, desistí de grabar los guamazos. ¿Qué necesidad tengo -me pregunté- de registrar este testimonio de la barbarie, si al final las marchas de protesta no van a resolver nada?

Me retiré un poco pues, al momento en que la Caravana por la Paz encabezada por el poeta Javier Sicilia y los hermanos Le Barón, pudo por fin avanzar sobre la plancha del Zócalo de la Ciudad de México, luego de haber sido impedida por los reventadores enviados por Andrés Manuel López Obrador.

Había llegado yo a la Plaza de la Constitución por Madero, justo en el momento en que marchaba la parte media de la caravana con intenciones de rodear el Zócalo hasta llegar por la calle Corregidora para entrar a la Plaza al dar vuelta frente al Palacio Nacional. Avancé por media Plaza, sin integrarme a la Caravana, hasta llegar justo al punto en que ya había problemas porque los seguidores de AMLO no dejaban entrar al Zócalo a los acompañantes de Sicilia y los Le Barón.

Ya ni tiempo tuve de ir, después de bajarme del trolebús, al Barrio Chino para comprobar si había millones de curiosos queriendo acercarse a los dragones como la noche anterior para celebrar el Año Nuevo Chino de la Rata Metálica como era mi intención; la noche anterior fue más lo que sufrí por mi curiosidad, porque no se podía dar un paso y en pleno brote del Coronavirus en China, no me atreví a ponerme un cubrebocas para prevenir la contaminación, me dio pena porque nadie andaba embozalado (aún no sé si pesqué ya dicho virus entre tantos chinos y chairos que me empujaban o me hacían retroceder).

Mi intención era darme una vuelta para ver si en el día estaba más desahogado en domingo que la noche anterior del sábado, pero al llegar a la esquina de Madero y Eje Central en la ciudad de México (contra esquina del Palacio de Bellas Artes), miré hacia el Zócalo y alcancé a notar que ondeaban ya algunas banderas de México de buen tamaño. “Ya está llegando la caravana pensé” y aceleré el paso para llegar al chisme y perderme de éste lo menos posible.

Llegué justo a tiempo. Los que pedían justicia y paz (unas dos mil personas) eran confrontados y enfrentados por seguidores de López Obrador (a quienes aún no les han matado o desaparecido a un ser querido, ya cambiarán de opinión…) para no permitirles llegar hasta el templete donde tendría lugar su mitin. Ahí la discusión, los gritos, insultos, aventones y trompadas estaban baratos, a peso lo más caro.

Ahí lo intenté (grabar) y desistí, si de un aventón fui a parar a tres metros de distancia, de un puñetazo me hubiera quedado sin dientes, mínimo, o sin sentido tal vez, así que dije más vale que digan aquí corrió. Me fui hacia el templete a donde ya estaba llegando la punta de la caravana y ya se estaban acomodando los Le Barón, Sicilia y otros en el presídium, de pie; daban instrucciones para seguir resistiendo a la provocación de los reventadores de AMLO, para que todo mundo conservara la calma y dieron inicio al mitin.

Hablaron sólo uno de los Le Barón y Javier Sicilia. Al primero, hombre no de discursos, sencillo, su elocuencia le salía sólo del corazón, de su dolor, sin palabras rimbombantes; el segundo, poeta al fin, dijo que dejaría de lado la poesía pero no se pudo substraer del rollo, sin embargo fue claro al dar lectura a una carta abierta que traía para el presidente de México Andrés Manuel López Obrador.

Por momentos no se escuchaba bien, porque la gritería de unos 300 reventadores no cesaba de tratar de opacarlo, así que decidí ir a mezclarme de nuevo con los que aseguran que “Es un honor estar con Obrador” para entender qué más coreaban.

Ahí fue donde me convencí de que se trata de seres no pensantes, incapaces de razonar, acarreados para gritar consignas sin detenerse a pensar lo que significa lo que gritan. Lo de “¡Presidente, Presidente, Presidente!” se entiende; lo de “¡Es un honor estar con Obrador!” también, de tanto repetirlo ya se lo aprendieron, pero cuando empezaron a gritar ¡Fuera Sicilia! ¡Fuera Sicilia! ¡Fuera Sicilia! me dio la impresión de que no saben ni quién es Javier Sicilia, y luego “¡Sicilia no es mexicano!”, “¡Sicilia no es mexicano!”, cuando el hombre nació el 31 de mayo de 1956 en la Ciudad de México…

Pero lo que me acabó de convencer de que se trata de seres irracionales, fue cuando mientras el Poeta hablaba de que es necesario modificar la estrategia de seguridad para que cese la violencia, los asesinatos y desapariciones, los seguidores de AMLO gritaban a todo pulmón: “¡Mentiras, Mentiras, Mentiras!”. ¿Cómo podrían saber que son mentiras lo que está diciendo el otro, si ni siquiera lo están escuchando?

Esto me provocó una reflexión. Los gritos desaforados, la irritación, la agresividad, la expresión de odio en las caras de algunos, que se veían dispuestos a exterminar a los del otro bando, sólo significa que el presidente López Obrador logró ya su segundo propósito. El primero fue llegar a la presidencia, el segundo es dividir y enfrentar a los mexicanos, y el tercero es perpetuarse en el poder.

El enfrentamiento de este domingo 26 de enero en el Zócalo de la Ciudad de México fue aún sin armas. El siguiente, en 2021 tal vez, después del fraude que seguramente va a intentar el dictador para seguir en el poder, correrá la sangre, y obviamente la Guardia Nacional apoyará al “pueblo bueno”, es decir, a López Obrador y sus seguidores. Éstos, creo, van a matar a muchos de los que protesten contra su amado líder.

Si éstos se dejan, claro está, si no toman las armas también y se presenta una nueva guerra civil en nuestro país, que es al parecer lo que está en la mente de Andrés Manuel López Obrador. Veo muy pocas posibilidades de evitar esto: una, que alguno o algunos de los ministros de la SCJN entren en razón y pongan por delante su patriotismo y su sentido común; y otra, que el Ejército (que no el secretario de Defensa) haga lo mismo junto con la Marina Armada de México en la que aún confío. No hay más, según yo ya no hay más, es tarde para la presión popular, las marchas de protesta no servirán de nada sin el apoyo del Poder Judicial y de las Fuerzas Armadas, los hombres y mujeres libres de México van a ser asesinados por los Testículos de Pejehová.

Ya me convencí este domingo de que son seres irracionales, que no piensan, que no razonan. Yo lo vi, nadie me lo contó. yo los escuché y vi en su mirada las ganas de matar a quienes no acepten la destrucción del país por parte de López Obrador. Que Dios nos agarre confesados.


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