Al cielo claman y al Presidente alaban


Por Christian Villalobos

En la elección federal del 2018, vimos un fenómeno que no es para nada nuevo en México ni en Latinoamérica: “El culto a la persona”.  En ocasiones este país da la impresión de que esperamos la llegada de un personaje como Teseo, el héroe mítico griego que venció al minotauro liberando a su país de la tiranía del rey Minos.

Podemos tomar esta analogía y darnos cuenta que los mexicanos estamos esperando aún al héroe que llegue en su caballo blanco, con su espada desenvainada destruyendo a la bestia de la corrupción, la impunidad y la pobreza, como si se tratara de una especie de hidra que asecha al país.

Siguiendo con los seres míticos, encontramos desde hace ya más de 18 años en la política nacional a un personaje simpático, controvertido, de nombre Andrés Manuel López Obrador, el cual fue evolucionando poco a poco, primero como priista, fue en sus comicios donde aprendió a hacer política. Más tarde perredista, porque de pronto resultó ser el defensor de los marginados, y al perder las elecciones del 2006 de forma democrática, le surgió lo revolucionario, intentando incendiar al país. Posteriormente vimos su etapa de “fundador”, a pesar de que en varias ocasiones declaró que no creía en las instituciones, y finalmente fue el candidato del amor y de la paz. Nos habló tantas veces de la mafia del poder, y dijo tantas frases icónicas, que no nos percatamos cuando los viejos y conocidos mapaches tricolores aprovecharon para broncear su piel tomando una apariencia de morenos. 

Por lo anteriormente expuesto, entre otros motivos, nos dio como resultado el triunfo electoral de AMLO en el 2018. Pero que sea o no el presidente, o si le dimos por medio del voto popular todo el poder en las cámaras del congreso, incluso la forma como armó su estrategia electoral, no es lo preocupante, lo que nos debe preocupar es que a un año de gobierno seguimos escuchando las mismas y pobres promesas. La violencia aumenta en el país, la economía tiembla, a los municipios no les llegan los recursos federales, los criminales son liberados después de violentar a una ciudad entera, etc. 

Pero por supuesto que nada de eso es relevante si hablamos del gobierno que encabeza la resurrección de Benito Juárez, lo importante es que todo es culpa de “la mafia del poder” que encabeza el endemoniado Felipe Calderón, el cual compró un avión para el estado mexicano, el que debe estar maldito porque no se pudo vender y como decían los abuelos, “no sale ni en rifa” y de eso debe hablar cada día el presidente de la República, porque vivimos en un país donde los servicios de salud son de primera generación, estamos a la vanguardia tecnológica y el Tratado Libre Comercio de América del Norte fue redactado de tal modo, que pronto “administraremos la riqueza”; y de paso como nos sobra el dinero, salvaremos de la pobreza a nuestros hermanos de América del Sur. Que quede claro el sarcasmo.

Como todos los gobiernos, encontramos en la actual administración federal sus claro-obscuros, sin embargo fue tanta la mercadotecnia que este hombre ejerció sobre nosotros, que las cosas que hace se las perdonamos, que cerramos los ojos. Tampoco existe una oposición que esté lo suficientemente posicionada como para aludir las faltas del ejecutivo nacional.

Porque como siempre y para siempre, la única esperanza de México es su pueblo. En el cual radican las transformaciones, ningún gobernante o líder político, por más carismático que sea, será la única vía para el progreso. Debemos generar ciudadanía plena. Fomentar y fortalecer la vida democrática en nuestras instituciones.

Por eso invito a todos los lectores a que seamos críticos, pero sobre todo proactivos en la vida pública del país. Que participemos en la sociedad civil organizada, en los partidos políticos, y donde se nos necesite. Solo de esta forma seremos verdaderamente ciudadanos de México.

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