El corazón recto persevera

Reflexiones amorosas

“Y lo caído en la buena tierra son aquellos que oyen
con el corazón recto y bien dispuesto (Lc 8, 15)


Antonio Fernández

Hoy nuestra Santa Madre Iglesia, los Evangelios y las predicaciones han depositado la semilla que nuestro Salvador quiere en los corazones, revelada su doctrina y mandamientos, pero aquel pueblo que vino a salvar del pecado carecía de todo lo que hemos recibido de enseñanza, aun así pareciera que hoy lo enseñado se perdió y se desconoce.

Poniéndonos en el lugar de esas multitudes que escucharon del Señor su parábola. tratemos por nosotros mismos de desmenuzarla, si ellos lo hicieron también podemos hacerlo: “El sembrador salió a sembrar su cimiente, y al sembrar una semilla cayó a lo largo del camino y fue pisada y la comieron las aves del cielo; otra cayó en la piedra y, nacida, se secó por no haber humedad; otra cayó en medio de abrojos, y los abrojos que nacieron juntamente con ella la sofocaron; y otra cayó en buena tierra y brotando dio fruto centuplicado” 

Para ubicarnos en los personajes de la parábola, veamos en el sembrador a Jesucristo Nuestro Señor; la cimiente el lugar donde se deposita la semilla, esto es el alma y el corazón de cada ser humano; el camino, la semilla pisada y las aves nos da entender la mala actitud del sembrador, su disimulo e hipocresía al fingir y tolerar la doblez de los descuidos, sabiendo lo que sucederá por no corregir a tiempo se pierden los bienes de salvación que nada importa a muchos perder. Aquella semilla que cayó en la piedra nace y se seca por falta de humedad, entendemos que la piedra es el corazón que ya no escucha y tampoco está dispuesto a conocer la humedad que vitaliza el alma y que es la palabra de Dios, dando aceptación a las aberraciones que sobre ella el incrédulo difama e intenta deshonrar. La que cae entre los abrojos la mala hierba espinosa perjudica a la semilla que se ha sembrado, al desarrollarse llega a un límite donde es ahogada y aprisionada por el abrojo y muere asfixiada, muchos inician animados el camino a su salvación pero como señala el refrán: Arrancar de caballos finos y parar de mulas, se emocionan por las obras de Nuestro Señor, pero cuando llega el momento de cumplir sus obligaciones espirituales y morales se cansan dejando fuera de sí su compromiso a su doctrina y mandamiento se van a donde no tendrán quién les objete su conducta. 

Da por terminada la parábola exclamando que en todos quede ordenada la disposición: “¡Quien tiene oídos para oír que oiga!”. Nuestro Señor conoce la forma de ser y obrar de los seres humanos creados por Dios, apreciando el poco interés por su palabra, el desdén de muchos por lo que ha predicado y los bastantes que se burlan de su enseñanza, su sentencia es obra de misericordia, puesto que conoce lo profundo de sus pensamientos, las criticas injuriosas y de su voz las blasfemias que rechazan y niegan su palabra, por lo que su sentencia es el doloroso reproche contra nuestra ingratitud y desagradecimiento prevenido por el profeta David: “No endurezcáis vuestros corazones”

Los discípulos del Señor son hombres acostumbrados al trabajo recio, no habituados a retener o memorizar, su capacidad de razonamiento es poca, como su fe que no les dio oportunidad de comprender el sentido que su Maestro expreso en la parábola, se quedaron con muchas incógnitas surgidas y acumuladas por los comentarios que entre sí se hicieron, al no llegar a nada fueron a su Maestro que a no dudar ya esperaba de ellos se dirigieran a Él pidiendo que explicara la significación de la parábola. Nuestro Señor, padre amoroso y paciente, con gozo escuchó su pedimento: “Sus discípulos le preguntaron lo que significaba aquella parábola”. Motivados a ser dignos de su preferencia aprovecha la oportunidad de que recibieran la enseñanza de su doctrina, en nuestra parte es considerar que la parábola fue el medio por el que les instruyó a deducir la claridad de su divina representación mental, narración de la que vendrá la enseñanza espiritual a la que el cristiano católico no tiene duda de lo que Nuestro Señor dio a conocer, pero de lo que sí está enterado es de practicar la enseñanza que Cristo Nuestro Señor expone en su palabra: “Les dijo: A vosotros han sido dados conocer los misterios del reino de Dios; en cuanto a los demás, se les habla con parábolas para que mirando no vean y oyendo no entiendan”. Esta palabra del Señor es fuerte, no es que quiera negar o esconder el misterio de su doctrina o menospreciar al que rechaza, no necesita hacerlo, pensar así es pensar equivocadamente, su explicación tiene la condición de no captarse al instante, quiere que sea así para quienes no teniendo interés se confundan más como fue en muchos y en sus enemigos del sanedrín, solo aquellos pocos que en su interior ven en Él la necesidad de seguir su enseñanza, o existe un mínimo destello de aceptación, Jesucristo Nuestro Señor permitió deducir su significado a todos aquellos que tuvieron el vivo deseo de tomar su palabra como semilla sembrada en su corazón.     

La muchedumbre se retira confusa, sorprendida e intrigada, obvio que los desinteresados y más sus enemigos van exasperados y molestos por no saber el porqué de la parábola. La imaginación nos traza un cuadro expresivo en la mente, el pensamiento que ve a Nuestro Señor rodeado de sus discípulos, su corazón ferviente en el deseo de conocer y aprender se refleja en su rostro, el Señor gozoso inicia la explicación, da un tiempo como debemos hacerlo al iniciar las actividades, ponerse en manos de Dios, dijo: “La parábola es esta”. Al adentrarnos a la explicación de Nuestro Señor es disponer los sentidos y el corazón a ser tierra dispuesta y preparada; recibir con amor la semilla depositada, que sea su palabra perseverante y permanente tierra humedecida por la gracia de Dios; cimiente que habrá de abonarse y estar en continua alerta de toda maldad que pueda arrebatar el fruto cultivado, arrebato que está en la ostentación y perversidad, vanidad y codicia, mentira y engaño, rocas y espinos, señaladas por el divino Maestro; “Los de junto al camino son los que han oído, más luego viene el diablo y saca afuera del corazón la palabra para que no crean y se salven”. Cada alma debiera poner atención al señalamiento de Jesucristo Nuestro Señor para ubicar su conducta, no solo en comprenderlo, sino en hacer realidad en obras su palabra. Continua la ilustración: “Los de sobre la piedra son aquellos que al oír la palabra la reciben con gozo, pero carecen de raíz, creen por un tiempo y a la hora de la prueba apostatan”. San Juan Crisóstomo refiriéndose a la explicación de Nuestro Señor la reafirma: “Materialmente es imposible que un camino pedregoso produzca fruto, pero espiritualmente el alma, aunque dura como la piedra, pueda convertirse en fruto”. La mala actitud de muchos, conmovidos por el Sacerdote en la misa dominical, prometen, se acomiden, ofrecen participar, pero llegada la hora de convertir en realidad lo comprometido se escabullen, evitando mostrar interés en las cosas que solos fueron a pedir, así como se es en las cosas de Dios, lo es en la vida personal, prefiriendo desertar llegan al punto de traicionar la doctrina del Señor e ir a refugiarse con los que dicen creer en Él y amarlo también lo traicionan, pésima estrategia del comportamiento convenenciero del ser humano, valdrá la pena a esos muchos poner en la mesa de sus goces la pregunta ¿Estos serán para siempre? ¡Claro que no lo serán! Hoy no hay preocupación de pensar el final de la vida porque la gozamos, la realidad es que se teme llegar en esas condiciones, ya se verá ese instante definitivo. 

Explica el Señor: “Lo caído entre los abrojos, son los que oyen, mas siguiendo su camino son sofocados por los afanes de la riqueza y los placeres de la vida, y no llegan a madurar”. Así muchos miran la conveniencia de obtener algo que les dé poder, sea económico o político y más, llegan a cuestiones impensables, convenir dar dinero a las necesidades de la Iglesia, lo calculan, no el bien espiritual de su alma, lo madura dentro de sí para sacar ganancia, uno puede decir ¿qué puede obtener?, la maldad es maliciosa consejera y esta produce en la mente lo que nadie ve, solo Dios, por ello previene contra las inclinaciones que se muestran buenas y razonables a la vista de las personas.             

Pero ante la falsedad que pulula por el mundo no todo está perdido, predica el Cristo Nuestro Señor: “Y lo caído en la buena tierra son aquellos que oyen con el corazón recto y bien dispuesto guardan consigo la palabra y dan fruto en la perseverancia”. Sólo el recto corazón persevera en la semilla divina. En el Libro de los Proverbios Dios habla para ser obedecido, en la palabra del Señor va adherida su misericordia infinita, habla para que creamos cuanto nos entrega en ella, lo hace a través de los Evangelistas, de los Profetas y los Apóstoles, de los Doctores de la Iglesia, de los Santos Padres y por la obra de santificación de cada uno de los santos que se veneran en los altares, sobre todo la pléyade inmensa de mártires que ofrendaron su vida en aras del Señor, almas que oran por la conversión de la humanidad, en cada uno está la sabiduría del Señor, reza el Proverbio: “Y he aquí que las espinas brotaban por todas partes, ortigas cubrían su superficie y la cerca de piedra estaba destruida”. Este es el camino de la vida de cada ser humano, lleno de espinas que acechan sin cesar, y como la ortiga es planta de hojas opuestas, agudas, cubiertas de pelos que segregan un líquido ardiente y abrasador, son los peligros que vemos en muchos lugares del mundo, se vencerán por el corazón recto que siempre verá en él la necesidad de perseverar en la divina palabra del Señor.
hefelira@yahoo.com

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